Bicis en Bruselas. (Foto: A.M.)
27 de julio de 2007.- Dudaba esta ma�ana de si hablar de las inundaciones acu�ticas en Londres y de las de topillos en Castilla y Le�n. Si dedicar estas l�neas a se�alar que es el cambio clim�tico quien anda detr�s de ambos fen�menos, aunque las primeras resultaron imprevisibles, mientras que las segundas todo lo contrario: por culpa de la total falta de previsi�n de la Junta castellanoleonesa.
Al final me decido por un cl�sico del verano: las bicicletas. Acabo de venir de Bruselas, donde he quedado admirado por el plan recientemente puesto en marcha por su municipalidad. Tras el lema Bruxelles se met au v�lo (Bruselas se sube a la bici), se ha puesto en marcha un ambicioso plan para potenciar al m�ximo el sistema de transporte m�s ecol�gico y alternativo que existe.
En el centro de la villa se reparten 23 paradas de bicicletas donde cualquiera con m�s de 14 a�os puede alquilar una m�quina los siete d�as de la semana las 24 horas del d�a. Tras su uso, la puede dejar en la parada que m�s le convenga.
El precio es irrisorio: abono por un a�o 10 euros. Si estamos menos tiempo, es igual de econ�mico: una semana, 1,5 euros. El sistema es id�ntico al que funciona en otras ciudades europeas como, entre otras muchas, Rennes, Marsella, Aix-en-Provence y Lyon, ciudad esta �ltima donde el plan funciona desde 2005 y ya cuenta con 60.000 abonados: �el 10% de su poblaci�n!
Par�s tampoco ha querido quedarse atr�s. El pasado 15 de julio el plan V�lib’ organizado por su Ayuntamiento, sac� a las calles m�s de 10.000 bicicletas para alquilar. Ya las cabalgan sus entusiastas usuarios por los 371 kil�metros de carriles bicis que tiene la Ciudad de la Luz.
En fin, que ya no hay que irse a Copenhague o a Amsterdam para tener envidia de ciudades verdaderamente ciclables. Por cierto, algunos datos del pa�s ciclista por excelencia: hasta el �ltimo de los 16 millones de holandeses tiene una bicicleta y m�s del 20 por ciento dos o m�s. Cada uno de ellos pedalea una media de 883 kil�metros al a�o.
La velosof�a se ha adue�ado de la vieja Europa. Bueno, por desgracia para nosotros s�lo de una parte del continente. Mientras todo eso se cuece en casa de nuestros vecinos, aqu� nos contentamos con �menos de 10 kil�metros! de aut�nticos carriles bicis en la capital de Espa�a y con manifestaciones folkl�ricas como la de un pu�ado de ecologistas que marcha en cueros, o la igualmente reducida de orondos pol�ticos que se dieron una vuelta en bici para promocionar su uso. Nada de nada.
Una tortuga con un sedal enredado en las patas. (Foto: Greenpeace)
26 de julio de 2007.- Los pl�sticos en el mar son algo m�s que una molesta compa��a cuando nos ba�amos en alguna playa: representan un peligro real para la vida marina. Tenemos constancia de que al menos 267 especies se han visto afectadas en todo el mundo por los residuos flotantes. No hay criatura marina que no est� expuesta.
En el pueblo asturiano de Luarca hay un peque�o museo sobre el mar, que no cuenta con los medios de los grandes aquariums. Sin embargo en �l se exponen de manera cuidada, aunque humilde, muchos ejemplos de lo que supone la contaminaci�n por basuras para los seres marinos. En concreto uno de los objetos m�s impactantes es una enorme caja en la que se acumulan los pl�sticos extra�dos del est�mago de una ballena varada en alguna playa de Asturias. Se trata de una visi�n que impacta, sobre todo a los ni�os.
Todas las especies de tortugas marinas se ven afectadas de una u otra forma. En algunos casos por ingesti�n, al confundir los pl�sticos con medusas, y en otros al quedar atrapadas en artes de pesca de nylon abandonadas, las tortugas son v�ctimas de primera l�nea de las basuras marinas. Nosotros llamamos a esa muerte de seres vivos en artes de pesca abandonadas "la pesca fantasma".
Las aves tambi�n sufren, y no s�lo al quedar ahogadas en las anillas de las latas de refresco. La ingesti�n de peque�as part�culas de pl�stico es constante. Tampoco los pollos est�n indemnes, ya que al regurgitar el alimento, las aves adultas les transfieren el pl�stico.
Este verano al ir a la playa encontraremos la playa limpia por la ma�ana. Pero es debido a que por la noche las m�quinas las han estado limpiando. Si no se hiciera, tomar�amos el sol en aut�nticos estercoleros de basura arrastrada por el mar.
El problema no es peque�o, aunque existan soluciones a largo plazo. Perm�teme un consejo para este verano: no tires basura a la costa. Gracias.
25 de julio de 2007.- Estaba el otro d�a en un aeropuerto espa�ol, esperando cansino la llamada de acceso al avi�n que me llevar�a a Madrid despu�s de una visita a la maravillosa isla de El Hierro. Enfrente ten�a dos parejitas atortolinadas. Ellas, sin ser bellas, ten�an la frescura de la juventud, ellos, las caras embrutecidas de los ga�anes de botell�n. Muchos besos, muchos amores. �Cuanto tiempo duran?
En el mismo aeropuerto matronas agotadas, con la mente en blanco. Su vida: Limpiar la casa, hacer la comida, coser para traer algo m�s de dinero a la familia, ver la tele. Sobre todo, ver la tele y por encima de todo ver los programas del “coraz�n”, esos programas que venden, como cualquier pel�cula, la mentira enmarcada de rosas. Hab�amos hablado en la cena del d�a anterior del coste de las bodas: Los padres y familiares se entrampan para que chiquillas como aquellas tengan “el d�a m�s feliz de su vida”. Uno de los muchachos ya auguraba la vida que llevar�a en familia tras ese “d�a m�s feliz”. Al levantarse le dejaba a la novia un resto de bocadillo y una botella de refresco para que fuera ella la que se ocupase de sus deshechos.
Boda: El d�a m�s feliz de la vida de una muchacha. Es la hero�na del barrio. Y luego �qu�? En un buen tanto por ciento de los casos, desprecio, vida con las otras muchachas en vez de con su marido, en algunos casos malos tratos, en general, una vida sin creaci�n, parir hijos, dejar su educaci�n al estado, diversiones artificiales los fines de semana, sue�os frustrados.
Es seguro que chicas y chicos han tenido sue�os de grandeza. Pero en vez de sufrir, de trabajar duro durante a�os para conseguirlos, una mayor�a se adaptan al beneficio inmediato, a la ilusoria seguridad de un hogar hipotecado, de un trabajo siempre igual, sin el aliciente de la creaci�n, sin siquiera la maravilla que es educar a los propios hijos.
Tenemos un problema grav�simo que es el clima. Invertir contra el cambio clim�tico es invertir en futuro. Es estudiar duro durante 15 a�os para acabar con un t�tulo de prestigio que permite a los que lo obtienen, mujeres y hombres, optar por una vida creativa, haciendo leyes o haciendo ciencia, creando empresas o pintando cuadros, innovando en el dise�o arquitect�nico o en la nano-tecnolog�a, educando personalmente en el arte de la belleza a sus hijos, dejando un mundo distinto al que ellos encontraron, siendo, enf�n, seres humanos y no meras m�quinas termodin�micas dedicadas, quiz�s frustradamente, a la reproducci�n.
Mientras el estudiante estudia, no genera beneficios. Pero luego puede llegar a la cima de la creaci�n. Mientras invertimos en cambio clim�tico el beneficio queda siempre lejos. Pero el mundo en el que invertimos es mil veces mejor que el actual.
Es la familia a los 20 a�os y el aburrimiento de los 25 a los 75, o la oportunidad de una vida plena, siempre distinta, siempre esforzada, una vida en busca de la verdad y la belleza desde los 30 a los 80.
Agarrarse al carbono es como casarse a los 20: Beneficio hoy y malvivir ma�ana. �Cuidamos nuestro clima?
24 de julio de 2007.- El sida sigue matando, y en la reuni�n internacional que se celebra en Sydney (Australia) los expertos y los pol�ticos han coincidido, al menos, en constatar que la carrera contra esta pandemia la seguimos perdiendo. Se contabilizan ya m�s de 28 millones de personas en todo el mundo en los �ltimos 20 a�os, desde que se reconoci� la existencia de la enfermedad. Sigue sin existir vacuna y aunque los tratamientos antiretrovirales existen en el primer mundo y comienzan a llegar a �frica, el principal foco de la infecci�n, siguen sin llegar m�s que a una cuarta parte de los infectados.
La ONU informaba que este a�o habr� tratamiento para 2,2 millones de africanos, pero ni siquiera el 15% de la poblaci�n tiene acceso a condones o a jeringuillas desechables est�riles. La Declaraci�n de Sydney, propuesta a los m�s de 5.000 delegados de 130 pa�ses, reconoce que la lucha s�lo podr� avanzar con m�s medios.
Uno de los temas que se han movido en esa reuni�n es el asunto de la circuncisi�n que, seg�n los estudios realizados, consigue reducir la tasa de infecci�n hasta un 60% en los hombres. En los �ltimos a�os, estos estudios han sido criticados, aunque su repetici�n en diferentes lugares y con poblaciones m�s amplias ha permitido llegar a un consenso, y los expertos reconocen que podr�a ser una medida �til en algunos pa�ses.
Resulta, sin embargo, preocupante, que se haya comenzado a proponer la circuncisi�n en masa de la poblaci�n como una medida que podr�a parar la transmisi�n de la enfermedad, avalada por ejemplo, por las instituciones de pa�ses como Sud�frica, donde su ministra de salud, Manto Tshabalala-Msimang se ha convertido en una de las abanderadas de la iniciativa.
Parece olvidarse que no hace demasiado la misma ministra lleg� a promover una gran campa�a negando la existencia del mismo VIH, o que propon�a medidas absurdas como comer lim�n, ajo y remolacha en vez de usar medicamentos antirretrovirales.
Tambi�n algunas organizaciones isl�micas han venido a decir que ellos ya estaban libres del vih/sida porque su cultura favorece la circuncisi�n. Algo que se demuestra falso simplemente viendo las estad�sticas de contagio en pa�ses musulmanes centroafricanos... Organizaciones que, por otro lado, siguen siendo reacias a las campa�as que favorecen un sexo seguro y responsable, la mejor estrategia para evitar el contagio en las relaciones sexuales. �No es absurdo?
Pero sobre todo, como explican en el CircInfo de Australia, incluso aunque se haya comprobado que por un lado los hombres circuncisos tienen conductas sexuales m�s precavidas en promedio, o que ciertamente la eliminaci�n del prepucio permite evitar una zona donde la erosi�n durante la penetraci�n puede crear v�as de infecci�n, este efecto de protecci�n podr�a convertirse en su propio enemigo, dando a los hombres una falsa seguridad (como ya est�n circuncidados, en sus relaciones dejan de usar protecciones como el cond�n). Y eso sin contar con que se trata de una medida que s�lo afecta a la mitad de la poblaci�n: el efecto de la circuncisi�n masculina no existe en las mujeres.
No es con medidas parcialmente profil�cticas como se conseguir� cambiar la triste ecuaci�n: hoy por cada persona con sida que comienza una terapia, hay seis nuevas personas infectadas.
Los botones de un ascensor. (Foto: Diego Sinova)
23 de julio de 2007.- Llegaron en tropel: joviales, din�micos, j�venes en suma. Eran casi 200. Bajaron de sus cuatro autocares y el recibidor del hotel se colaps� de alegr�as espont�neas, y muy agradables. Todo rebosaba bullicio por la l�gica espontaneidad que suele acompa�ar a un grupo de estudiantes, norteamericanos por cierto, de vacaciones. Pero de inmediato asom� la m�s grave enfermedad de nuestro tiempo.
Casi todos aquellos cuerpos en perfecto estado de salud; casi todos aquellos arrebatos de esplendor f�sico decidieron hacer cola para coger el ascensor y subir, como mucho al quinto piso del alojamiento. Por cierto, no consegu� divisar maleta alguna que fuera lo suficientemente voluminosa como para inducir a tal comportamiento.
Como pude contemplar la totalidad del proceso, ya que desde la cafeter�a del hotel se divisaba el vest�bulo, comprob� que algunos de aquellos viajeros pasaron cerca de 45 minutos esperando que les llegara su turno para subir remolcados por la tecnolog�a en lugar de dar cien sabios y ben�ficos pasos hacia lo alto. Algo que su salud y poder�o f�sico juvenil sin duda permit�an.
Como es bastante l�gico, al menos en quien esto escribe, de inmediato me vino a la cabeza un dato que conozco desde hace mucho. Es tan f�cil de recordar como casi imposible de que entre en suficientes cabezas. Me refiero a que la diferencia, en gasto de energ�a, entre usar y no usar el ascensor es de mil a uno. Es decir, que si uno sube o baja la escalera con su propio aparato locomotor necesita mil veces menos energ�a que el elevador artificial. Por supuesto que se trata de, sobre todo, bajar. Por tanto de ahorrar dos mil unidades de energ�a: las que emplea el ascensor llamado hasta tu piso y luego usado para bajar al portal.
Pero sin olvidar que ese m�nimo esfuerzo adem�s de ahorrar electricidad producida por centrales, por cierto muchas de ellas las principales causantes del cambio clim�tico, se convierte en un excelente ejercicio que beneficia directamente a tu salud adem�s de a la del ambiente.
A la cadena de absurdos, provocados por la comodidad y que se convierten en norma por una compulsiva exclusi�n de cualquier esfuerzo de los horizontes personales, podr�amos sumar la reiterada utilizaci�n del autom�vil para millones de desplazamientos que ser�an incluso m�s r�pidos andando. No digamos las cintas transportadoras en tantos lugares. Y, por supuesto, los aires acondicionados para crear dentro de tantos edificios ambientes polares o ecuatoriales y no medianamente caldeados y frescos, que de nuevo es mucho mejor para los estados del cielo y de nuestros cuerpos. En fin, la comodidad en muchos casos se convierte en atentado. Mientras que dar pasos es una forma de activismo a favor de la transparencia. Esa que cada d�a necesitamos m�s en todos los �mbitos.
Por si eso fuera poco, se sabe de algunos casos todav�a m�s ben�ficos. El bajar escaleras ha mejorado o incluso evitado operaciones a los afectados por c�lculos renales.
Hay, por tanto, una tan sencilla como eficaz regla: Lo que es bueno para tu cuerpo que, no lo olvidemos, funciona como todos los cuerpos de todos los seres vivos, es bueno para el tapiz de la vida del conjunto del planeta.
Por el contrario lo que supone una comodidad excesiva consigue estropear y estropearnos. De ah� el enorme alivio que mana de la m�nima sensatez que supone usar lo que llevamos puesto: las piernas que cuesta poco y nos mantiene en forma. Cuando hablamos de salud conviene recordar que la de afuera es buena para lo de adentro, la de cada uno de nosotros mejora la del ambiente.
Un agente forestal trabajando en Madrid. (Foto. A.M.)
20 de julio de 2007.- La lucha que mantienen estos d�as los agentes forestales de la Comunidad de Madrid con su presidenta me parece formidable. Por lo poco afortunadas que son las medidas que les quiere imponer la se�ora Aguirre, y por la resistencia de estos sufridos guardabosques que, no lo olvidemos, llevan defendiendo la naturaleza 130 a�os.
En resumen, dentro de un par de d�as, el PP quiere aprobar la llamada Ley de Modernizaci�n, que m�s bien debiera denominarse de retrogradizaci�n, pues pretende limitar las funciones de los agentes forestales, hasta convertirlos en meros mu�ecos decorativos de una naturaleza que, en Madrid, est� cada vez m�s violentada, agredida y destrozada. Y que ahora pretende dejar indefensa.
El primer pulso ya lo han ganado los forestales, pues el Gobierno regional tuvo que dar marcha atr�s, ante las presiones de los propios guardas, de la oposici�n y del Ministerio de Medio Ambiente, y va a seguir consider�ndoles lo que sin duda han sido siempre, lo que son y lo que deber�n seguir siendo siempre: agentes de la autoridad. (Otra cosa es si verdaderamente tienen medidas suficientes y si la legislaci�n les ampara bastante como para ejercer como tales).
Ahora est�n echando un �rdago al segundo punto, de similar trascendencia: la imposici�n que el PP pretende imponerles de necesitar una autorizaci�n judicial para entrar en las fincas privadas. Aunque dentro se est� cometiendo el peor de los delitos ambientales, ellos no podr�n entrar nada para evitarlo.
Si ven un fuego, por citar un ejemplo corriente, no podr�n evitarlo, mientras que un polic�a nacional, un guardia civil, un ciudadano de a pie incluso, s� podr�a entrar a apagarlo.
“Sabemos que las fincas no son domicilios y jam�s hemos dado una patada a la puerta de ning�n sitio como nos han acusado desde el PP”, denuncian los agentes, ante tan desafortunadas declaraciones, del mismo modo que se ponen de acuerdo con Medio Ambiente en tachar la medida de inconstitucional.
Tambi�n saben los forestales, lo sabemos todos, lo sabe la se�ora Aguirre, que el 74 por ciento de todos los montes madrile�os son fincas particulares. En su interior, un d�a s� y otro tambi�n, se esparcen cebos envenenados, se dispara contra �guilas imperiales y otras especies amenazadas de extinci�n, se colocan miles de lazos, se caza de manera ilegal, se tira al plato, se vierten millones de toneladas de residuos, se toma agua de manera ilegal, se cortan �rboles, se queman bosques y... se construye a mansalva.
Lo sabemos porque los agentes forestales, entre otros cuerpos de seguridad, los guardan. Recorren sus caminos, visitan sus bosques, vigilan a sus propietarios m�s indeseables. Desde el otro lado de sus vallas es bastante dif�cil descubrirlo. Estos hombres lo saben muy bien. Nosotros lo sabemos de la misma manera y tambi�n lo sabe Esperanza Aguirre.
Dos operarios limpiando la playa de Talamanca. (Foto: EFE)
19 de julio.- Desconozco el motivo por el cual los responsables pol�ticos de turno tienen la necesidad de afirmar que "todo est� controlado" cada vez que hay un vertido al mar cuyas consecuencias puedan ser perjudiciales.
Parece que siguieran un gui�n previamente cocinado, aplicable, por cierto, tanto al Gobierno como a la oposici�n. Nuevamente ante el hundimiento del Don Pedro en aguas de Ibiza, las autoridades nos tranquilizaron de inmediato, asegurando que el vertido estaba controlado. La realidad era que a las pocas horas de estas declaraciones, el fuel llegaba a la costa y contaminaba tres playas ibicencas, dejando en evidencia que el vertido no estaba controlado. La raz�n es sencilla: las barreras de contenci�n tardaron en llegar ya que hubo que llevarlas de otros lugares.
Luego Magdalena �lvarez se empe�� en asegurar una y otra vez que se hab�an cerrado todas las grietas por las que escapaba el fuel. Pero a cada declaraci�n, ha seguido la aparici�n de una nueva grieta y, en definitiva, el fuel sigue fluyendo del Don Pedro al medio marino. Y es que mientras el pecio est� en el fondo con su carga de fuel, gasoil y aceites, s�lo es cuesti�n de tiempo que los fluidos vayan saliendo.
Me da la impresi�n de que las lecciones aprendidas del Prestige han sido m�s de forma que de fondo. Ahora, ante un vertido, los responsables pol�ticos acuden de inmediato para la foto. La duda es si hemos avanzado en la prevenci�n de los impactos de accidentes mar�timos. Los datos son muy preocupantes: en los �ltimos meses hemos sufrido varias situaciones de alto riesgo. Creo que son avisos, y debemos tomarnos muy en serio lo que est� pasando. Lo cierto es que lo urgente ahora es que se extraiga el fuel del Don Pedro de manera segura, para que de una vez dejemos al lado esta nueva pesadilla. A ello debe seguir el reflotamiento del pecio. Pero hay muchas preguntas que todav�a est�n sin resolver. Por ejemplo, en lo relativo a la disposici�n de medios anti-contaminaci�n: �por qu� no hab�a barreras anti-contaminaci�n en el puerto de Ibiza? �Cu�ntos puertos espa�oles no disponen todav�a de medios para reaccionar ante un accidente de este tipo? En cuanto al cuidadoso trato que la empresa Iscomar est� recibiendo del Gobierno: �por qu� en este caso el Ministerio de Fomento no ha aplicado ninguna sanci�n a la naviera Iscomar como hizo en otros incidentes anteriores? �Tomar� Fomento alguna iniciativa legal, o volveremos a ver como el asunto se diluye en el tiempo? Y, de forma m�s general en lo relativo a la acci�n legislativa para la prevenci�n de accidentes mar�timos: �para cuando la obligaci�n a que los contaminadores paguen la factura de todos los da�os que causan?
Estas son las cuestiones relevantes que quedan sin resolver, y no las majader�as de algunos enfrascados en la absurda comparaci�n de este caso con el Prestige.
Cada a�o el Mediterr�neo recibe entre 100.000 y 150.000 toneladas de hidrocarburos, la mayor parte de ellas procedentes de vertidos rutinarios de buques y refiner�as. En sus fondos se acumula ya mayor cantidad de residuos petrol�feros que en cualquier otro mar. Por ello debe tomar cuerpo la propuesta de establecer Reservas Marinas que cubran amplias zonas del Mediterr�neo, en las cuales, entre otras medidas, se impida el paso de buques con sustancias potencialmente peligrosas.
El telescopio de La Palma. (Foto: EFE)
18 de julio de 2007.- La semana del 9 al 14 de Julio estuvo llena de la misma "noticia" cient�fica: La puesta en marcha del nuevo telescopio �ptico de la isla de La Palma, el mayor, (por unos meses o a�os, hasta que haya otro) del mundo. En primer lugar, la idea de las listas Guiness, la lista de los mayores, m�s ricos, m�s borrachos, etc. refleja un infantilismo creciente de la sociedad. Pagamos por ver a unas personas que nos son indiferentes dar vueltas a un circuito con unos aparatos ruidosos y malolientes, lo mismo que un ni�o quiere ir al circo a ver ilusiones: Leones que no muerden, elefantes aburridos y prestidigitadores que enga�an.
En segundo lugar, �que utilidad tienen para la humanidad o para la ciencia ver m�s estrellas? El encanto de la astronom�a es el encanto de las religiones: La ilusi�n del escape. Las religiones prometen la vida eterna o la disoluci�n total. Es decir, el escape de la realidad.
La astronom�a sugiere viajes a las estrellas para escapar de la estrella Sol. Religiones y astronom�a juegan con un ansia de supervivencia que el ser humano, con su mente imaginativa ha sublimado a partir del programa gen�tico de los seres vivos de sobrevivir hasta poder replicar el c�digo escrito en el ADN.
La realidad es la muerte, algo que el c�digo gen�tico rechaza con prioridad uno. Pero esta realidad no es tan tremenda como para que haya que querer escapar de ella.
Nuestra vida es la vida de la especie, la vida del planeta Tierra. Como herencia de nuestros antepasados y punto de partida de los que vienen tras nosotros, es esencialmente eterna, o al menos enormemente larga. Pero para esa vida colectiva no necesitamos ni religiones ni telescopios, que llaman a la esperanza individual. Necesitamos la naturaleza, aqu�, en nuestro planeta. Necesitamos integrarnos en ella y cuidarla.
Estoy leyendo estos d�as la obra de Karl Popper, "La sociedad abierta y sus enemigos". Una frase, que hab�a olvidado hace tiempo, salt� con fuerza ayer ante mis ojos. Popper cita a Marx: "Lo mismo que el salvaje debe luchar con la naturaleza para poder satisfacer sus necesidades...". Es esta una filosof�a pervasiva y tradicional. Deriva de sublimar intelectualmente el esfuerzo de supervivencia de unos animalitos peque�os, los “homo sapiens”, carro�eros de sabana rodeados de animales poderosos dotados de garras y colmillos. Es la filosof�a de muchos ingenieros formados aun hoy en el esp�ritu que lleg� hasta mediados del siglo XX, y que contin�a en aquellos que defienden a ultranza los trasvases, la energ�a de fis��n y la b�squeda de la fusi�n: Es la idea de “superar” a la naturaleza.
Pero nada de �sto es necesario. No necesitamos “luchar “ contra la naturaleza, ni escapar del planeta (lo que podemos hacer cuando -queramos-, no forzados) sino, entendi�ndola, vivir en ella. Podemos dejar comer a los leones sin destruirlos, podemos recoger la energ�a de la naturaleza sin construir aparatos que la superen.
La soluci�n a la supervivencia de la especie humana pasa por integrar esa supervivencia con la de las dem�s especies. Pasa por vivir en la naturaleza, en vez de vivir contra ella.
La ilusi�n, las grandes noticias, no deben estar en el ansia, hoy ya superada, de escape, sino en el reconocimiento de la realidad, que es mucho m�s bella que los para�sos imaginados, de ultratumba o de ultra espacio. Vivamos la vida. Es mucho m�s bella que la muerte.
La central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa es la mayor del mundo. Un verdadero monstruo en el que sus siete reactores pueden producir conjuntamente a un ritmo de 8 Gigawatios (para poder compararlo, la demanda el�ctrica en Espa�a alcanz� ayer 32 GW, cuatro veces m�s... Este dato se puede consultar en cada momento en las p�ginas de Red El�ctrica Espa�ola). Esta central se instal� en fases entre 1985 y 1997 y se tuvo un especial cuidado, porque en Jap�n el riesgo s�smico realmente se tiene en cuenta (no en vano es uno de los pa�ses con mayor sismicidad del mundo), en hacerla resistente a los terremotos. Sus cimientos penetran cientos de metros para encontrar un lecho de roca adecuadamente seguro. Sigue
Estamos acostumbrados a ver aparejada a la conservaci�n con compa�eros bastante raros. Por ejemplo, el Ej�rcito. Una extra�a pareja que, en contra de lo que pudiera parecer, funciona a la perfecci�n en muchas ocasiones. Sigue
La vida en la orilla de una playa en la isla griega de Rodas fluye con una riqueza que ya no vemos en nuestras costas. Y es que aunque el Mediterr�neo est� vivo, se encuentra en un serio proceso de degradaci�n. Sigue
El domingo hubo dos noticias interesantes en los peri�dicos (en adici�n a las no noticias de que una buena parte de la humanidad haya elegido el Cristo de R�o de Janeiro como una de las 'maravillas' del mundo, o que Nadal y/o Federer pudieran ganarse en alg�n momento uno al otro u otro al uno, que tanto da que da lo mismo). En El Mundo se le�a que un tal Llad� ser� consejero de Interior en las Baleares. En El Pa�s, un informe del Observatorio de la Sostenibilidad en Espa�a que indica que en 50 ciudades espa�olas no hay quien respire. Sigue
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Los lunes ser� el turno de Joaqu�n Ara�jo, uno de los m�s renombrados naturalistas espa�oles. El martes le dar� el relevo Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona. El mi�rcoles, turno del cambio clim�tico y la F�sica de la mano de Antonio Ruiz de Elvira. Los jueves el director de Greenpeace Espa�a, Juantxo L�pez de Uralde, nos dar� un repaso a la lucha 'verde' mundial, y los viernes el periodista Alfredo Merino analizar� la actualidad m�s 'verde'.
Acceda a los contenidos de NATURA, el suplemento mensual de medio ambiente de EL MUNDO. NATURA se publica junto a la edici�n impresa del peri�dico el segundo s�bado de cada mes. Pr�ximo n�mero: s�bado 14 de julio.
El descodificaor
Los �dolos de la "caja tonta" pasados por la "turmix" de la iron�a.
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T� tambi�n disfrutas, y sufres, la televisi�n. Convi�rtete en cr�tico. Comparte tus recomendaciones, cu�ntanos los programas que amas y los que odias. Bucea por la parrilla y desvela tus descubrimientos.
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Amado Rombo se sumerge en la parrilla de televisi�n a la caza del tesoro. Su misi�n es encontrar esas joyitas que sobreviven a espaldas de los �ndices de audiencia.
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